Desde un rincón del sur

Oct 26

In memoriam (I)

Mi maestro

¡Cuán a menudo recuerdo su imagen!

Para mí, niño, era usted un ser sapientísimo. ¿Qué no sabía usted? Desde mi pupitre podía ver cómo le tomaba la lección a quienes estudiaban bachillerato. Y le oía y los escuchaba. Y algo se quedaba en la mente infantil de uno y de otros.

Luego, tres años más tarde, inquiría usted mis conocimientos en ese primer peldaño de lo que, entonces, sólo era una ilusión materna: tener algo de estudios para ser alguien en la vida.

Y escribía usted con una Parker, un sueño que, algún tiempo después, adquiriría en ese afán imitador del discípulo emulador de su maestro.

Y su porte era señorial aunque trabajase desde la mañana hasta bien entrada la noche y, en los ratos libres, fuese representante de galletas y cazador cuando se abría la veda, lo único que jamás compartiría con usted.

Y…

Y un día nos despedimos, en tristes circunstancias para mí, y quedamos en tomar una cerveza  en nuestro pueblo en otra ocasión.

Y, en el devenir de los días, me contaron que usted…


Sep 29

El escolta

Como cada mes, fiel a su cita, un astro escolta a una luna ya cercana a su plenitud. ¿Será el planeta Júpiter? ¿Tal vez Saturno? ¿Es, quizá, Sirio la estrella más brillante del cielo, como decía Juan Bravo?

A estas alturas de la vida se siente uno analfabeto total cuando mira el cielo nocturno.

No tengo medios para ver si al acompañante lunar lo cortejan Io, Europa, Ganimedes o Calisto; tampoco para observar si presume o no de anillos; y, así mismo, los problemas de la visión no me permiten ver si titila o no.

Mas no hay excusa.

Otros tampoco dispusieron de muletas para aprehender el cielo.

Hay que estudiar más. Queda demasiado por saber. Infinito.


Sep 17

La medida de las cosas

Entre los múltiples astros que me miran esta noche , fresca y límpida, del ya caduco verano cruza veloz, dos luces amarillas fijas y una roja parpadeante, un avión. Unos treinta y cinco segundos después se escucha el ruido de sus motores: vuela a unos doce mil metros.

Camino de París, este verano, alcanzamos algo más de once mil de altura. Más o menos, ir y venir de mi pueblo a Ronda en línea vertical o, dicho de otro modo, dos horas caminando.

Si se hubiera caído, habríamos llegado antes al suelo. Eso sí, no nos habríamos dado cuenta y, seguro, tampoco lo contaríamos.

Sólo es cuestión de medidas o de cómo se vean las cosas.

Estoy contento de poder escribir esto.


Sep 7

sol

A veces sale el sol cuando menos lo esperamos


Ago 14

Pobreza

Que sólo es pobre quien no da


Jul 9

Tarde-noche en Granada

La llegada a la ciudad; la carrera del Darro con el embrujo de la luz de la tarde, el agua tímida como un hilillo brillando desde el fondo del cauce, poniendo su nota de plata y frescura; la Torre de la Vela, almagra y soberbia, sabedora de su hermosura; la placita del café, ¡el café, que siempre  trae en volandas presencias y  memorias! ; las fachadas vetustas, en una sucesión de imágenes románticas y evocadoras; hasta una campana “culán, culán” sonaba de vez en cuando y hacía latente el convento cercano con su letrero de “se venden dulces”…

El hotelito tenía un portón como el de nuestra casa de la calle de la Cruz, que daba acceso a un patio-claustro con los destellos cenitales del crepúsculo, columnas de mármol, un piano de cola en un rincón, nombres de habitaciones que eran títulos de poemas de Juan R. Jiménez y una gran fotografía de Falla con una acompañante con nombre del este que le daban al piano una identidad incierta. Ese ambiente, entre literario de provincias y pretensiones de altos vuelos, que me encanta, acrecentado por el arte maravilloso de la observación desde el anonimato y la emoción palpitante de que era uno de los nuestros quien tenía que empezar el acto e irradiar la esperanza en la nueva editorial, conjugaba en mí una excitación maravillosa en la que solo me faltaban tus ojos cómplices y tu presencia arrolladora, Raquel.

Disfrutamos mucho, mucho. Fueron momentos plenos y nos encantó conocer a Juan Vellido, sencillo y campechano, a quien se le siente próximo y con “los hilos de las conexiones” alertas.

¡Inolvidable!

Granada, 7 de julio de 2009

Fuensanta Bravo Sánchez


Jun 19

Adiós

Siempre lo vi enjuto,

siempre en fotografía,

siempre con su barba sin tiempo de afeitar,

siempre “poquita cosa”, que dirían  en el pueblo,

siempre lo he recordado de cuando en cuando,

siempre admiré su inmensa obra,

siempre su lucha por el cambio de mentalidad de los proscritos,

siempre arañando de la tierra cuanto te puede dar,

siempre esperando de los potentados una limosna, que nunca pedía,

siempre buscando solidaridad, que los potentes no le daban,

siempre con el mismo Dios con el que unos comulgan con una oblea y otros con lo que encarta,

siempre dando con el mazo antes que rogando a Dios, mientras en su tierra natal se da poco, menos, y se ruega mucho, más,

siempre la sonrisa,

siempre profundo,

siempre pleno,

siempre…

No será beatificado,

no será santo,

los casi tres millones de seres, a los que hizo personas, le convirtieron en uno de los suyos: un proscrito.

Sí, Vicente Ferrer,

Siempre serás un proscrito para la sociedad occidental: para  los políticos, porque les estorbabas; para la iglesia, porque te salías del canon, de las reglas, de la doctrina (lo tuyo no entra en el evangelio oficial); para todos, porque estabas lejano, en la India, no nos afecta, admiración de boquilla.

Adiós, Vicente.

Algo tuyo, poquito, siempre hubo en esta casa.

                                                               19 de junio de 2009


Jun 13

el abuelo

La mirada lejana, perdida, vacía,… ¿Vacía?

Quizá sueña con el futuro de sus nietos, con…

Quizá rememora vivencias del pasado, gestas juveniles, pesares de madurez,…

Quizá revive el dulce amor duradero, el de siempre, el de toda la vida, el único, el…

Quizá recorre su mente aquel invierno que heló todo y trajo la hambruna o aquel verano, extremo, en el que un sol abrasador derretía la tierra o…

Quizá…

-      Abuelo, tómate el café.

-      Sí,…, sí, ya voy.

El vaso no humea, como a él le gustara; mas no dice nada; se ha acostumbrado. A fin de cuentas ya casi es un estorbo y el día en que no pueda asearse solo… Más valdría que no llegara.

Bebe un sorbo despacio y se pierde tras el vuelo de la mosca que revolotea por el borde y mira a la niña que, impaciente, espera que termine.

-      Elena, cuando eras pequeña venías corriendo, saltando hasta donde yo estaba. - “Cuéntame  un cuento”, me decías. Y yo…

-      Se te va a enfriar.

-      Sí, sí, ya termino.

Un último trago y observa, con ojos acuosos, cómo la chiquilla se pierde rápida por el pasillo.

Un aire dorado envuelve la habitación.

En la ventana, el horizonte pinta candilazos tardíos.

El abuelo vuelve a sumirse en sus recuerdos.

La luz se apaga con lentitud.

                                                              11 de junio de 2009 


Jun 7

Algo más que milicia

- Izquierda, ¡ar!

- Media vuelta, ¡ar!

- Paso ligero, ¡ar!

El paso no fue tan ligero, tardó su tiempo. Treinta y tres años y un par de meses. 

Debió haber algo más que milicia en aquellas tardes de convivencia en la residencia de oficiales. Debió unirnos algo más que unos cuantos meses, privilegiados, de mili. No éramos militares de vocación, lo que pesaba sobre manera a las jerarquías del cuartel y, sobre todo, a los chusqueros. ¿Cómo iban a comprender que cuatro mequetrefes lucieran una estrella tras cinco meses de mili? Aún más, ¿cómo, teniendo una estrella, no seguían en el ejército? A los universitarios de las milicias, de la IMEC (Instrucción Militar de la Escala de Complemento), sólo nos interesaba hacer la mili de la manera más corta posible. Y luego, la vida civil.

Debió haber algo más que instrucción, reclutas, tropa, campo de tiro, jura de bandera, guardia de prevención,…

Es cierto que comimos juntos muchas veces, algún conejo al ajillo en los cortijos, algunas salidas a pueblos cercanos (recuerdo Níjar, su cerámica, su taller de alfombras tan secular), bastantes dominós,…

…, y charlas, bastantes charlas, Juani Cruz para ti, todo; yo te ganaba, Santi, siempre, y Pablo, nuestro primer, y por entonces, único fruto, de meses. Deseando siempre la llegada del fin de semana, ¡qué largas se hacían en el campamento!, para ir a darles un abrazo; descontando días para licenciarnos…

Debió haber algo más…

Ayer parecía que hubiéramos estado siempre juntos, que hubiéramos sido partícipes de todos los acontecimientos familiares, los tuyos y los míos, que…

Gracias, Pepe, por tu interés en el encuentro treinta y tres años y dos meses después. Lo vivimos intensamente.

Nos seguiremos viendo.


Mayo 23

Nueva etapa

Hace, hoy, cuatro años ya.

Aquel día todo incertidumbre, desasosiego, intranquilidad, inquietud, …, 

Incluso, algo de miedo.

Has vivido mil historias, te has enfrentado a múltiples tempestades, a algunos terremotos.

Hubo también bonanza, bastante: alegrías, encuentros, nuevas amistades, convivencias positivas, paz.

Al final de la etapa, eres reconocida por todos,  la luchadora impertérrita, la que no se rinde ante nada, siempre entregada a los demás, abnegada, la eterna sonrisa, la trabajadora incansable.

Icono para los nuevos, símbolo para los iguales.

¡Cuánto vales! ¡Qué orgullosos nos sentimos!

Inicias, mañana,  nueva singladura. Tu barco busca otros puertos, mares ignotos, tierras por descubrir.

Seguiremos su estela.

Buena travesía.

Felicidades, Doctora Raquel.