Primer día de colegio.
Con tu vestidito naranja de estreno, el sudor de la fiebre nocturna brillando en tu cuerpecito precioso y tu lazo blanco en el pelo. (- “Es de princesa, abuela. ¿Verdad que las princesas tienen lazos?” - “Tienen lazos y van al colegio y juegan y pintan…”) Subimos la cuesta del Huerto Piojo, la empinante calle Albaicín y el recodo del colegio Picasso. Las mamás contaban sus cuitas, se saludaban; hacía calor esta mañana de septiembre. Tomaste mi mano y me arrastrabas en busca de los columpios y “el parque” cuando las respectivas maestras aparecieron invitándoos a hacer un tren. De pronto vimos que recorrías el simulacro de fila y que, espontáneamente, te colocabas de las primeras, apoyando tus manitas en los hombros del niño anterior. Seguías pegada a tu mochila, que en ningún momento quisiste que te ayudáramos a llevar. Mamá y yo nos mirábamos, satisfechas por tu desparpajo, mientras otros se rezagaban compungidos sin querer avanzar. Dispuestas a marcharnos, invité a mamá a que te echara un vistazo de nuevo. Sus lágrimas resbalaban al volver la cara: tú estabas llorando.
Al mediodía mamá me llamó loca de alegría: venías contentísima de tu primer día en el colegio Picasso.
12 de septiembre de 2011
Fuensanta Bravo Sánchez
Segundo día de colegio
Subí rápido la cuesta de la calle Albaicín. Entre aquel tumulto de madres charlando, vociferando algunas, llamando a otras desde lo lejos, no vi a quienes iba buscando. Bajaba a paso lento, algo cabizbajo; la carrera había sido en vano. Pero, de pronto, a unos veinte metros de la curva aparecieron ellas y Carmen, vestido blanco y lazos rojos, soltándose de la mano de la madre corrió hacia mí con los brazos abiertos: “Abuelo, abuelo”. La cogí entre los míos, echó su cabecita en mi hombro, como suele hacer, y se dejó querer. Así llegamos al Picasso. Un besito de despedida y atravesó el portón. ¡Qué bonita está!
13 de septiembre de 2011
Pedro Gómez Gamarro