Desde un rincón del sur

Sep 23

Reflexiones

“Pedro, me gustaría que, cuando tuvieras un rato, hicieras algún comentario en tu blog o por correo electrónico a tus alumnos sobre la crisis que atraviesa el mundo,…, tu punto de vista sobre el futuro que nos espera a los estudiantes,…“                     (Manuel Trujillo. 2º Bachillerato)

Queridos alumnos:

A lo largo de mis años he visto muchas crisis: desde mi niñez, en que había verdadera hambre porque no había nada, hasta la de ahora. Pero no quiero aburriros con historias que, por otro lado, también sería conveniente recordar alguna vez porque si un pueblo no conoce su historia, tarde o temprano la volverá a repetir.

La crisis de ahora es seria y todavía hay quien no se ha dado cuenta.

Si me ciño a vuestra edad (hablando siempre en términos generales, o sea, la mayoría de vosotros, excepto salvedades) sois hijos de la abundancia: nacisteis en pleno auge de la bonanza; salíamos de una crisis y el dinero fácil fluía; había para todo: préstamos, pisos, terrenos, casas, comidas a la carta, viajes, juegos de lujo, enseres de casa caros, vestidos y zapatos de marca,… Todo os parecía natural. Entre vuestros progenitores se escuchaban frases como: “Si no quiere, que no estudie. Todo el mundo no va a tener carrera”; “Si el niño quiere algo, que no pase ganas”; “Cómprale lo que quiera, que para eso lo gano yo”; “Mi niño viste en condiciones, que para eso lo gana su padre”; y podríamos seguir poniendo muchos ejemplos más.

El tener un trabajo cualquiera, incluso sin cualificar, donde se ganara bastante, daba poderío y se fueron relajando muchas costumbres, se fue perdiendo el respeto a instituciones, a creencias y a personas representativas de la sociedad (léase mayores –abuelos, padres,…-, médicos, funcionarios, jueces, maestros,…). La única meta era ganar más como fuera, disfrutar del ahora, del momento presente, del ya.

Los gobernantes también fueron unos manirrotos: eran espléndidos, promesas de dar, de mejorar, de calidad de vida, de entregar a fondo perdido,… Y no entro en especulaciones de si fueron honrados o se llevaron cuanto pudieron. ¡Qué bueno es uno cuando hace cosas con el dinero ajeno! ¡Cuánto se ha derrochado en política a costa del contribuyente! Y…

… Y ahora viene lo que era natural, ese ritmo no se podía mantener. ¿Qué habíamos producido desde el noventa y tantos en adelante? Nada en el sector primario, algo en el secundario y muchísimo en el terciario o sector servicios.  Y deudas, muchas deudas, de hipotecas, de préstamos de todo tipo (hasta para ir de viaje o a una feria o para un bautizo o…). Los bancos prestaron sin tener fondos, de ahí su crisis de ahora. Y, más aún, nuestros políticos, en su afán de ganar votos, también nos endeudaron y gastaron y gastan más de lo que recaudan y los ayuntamientos tienen deudas, que son nuestras porque las tenemos que pagar. Y el estado está igual y su deuda también es para nosotros.

¿Cuál es el futuro? ¿Qué será de vosotros?

¡Ay! Yo quisiera decir algo bueno y lo voy a decir. Esto no va a durar siempre. Se me vienen a la memoria ahora dos textos: uno, de la Biblia en el libro del Génesis, cuando José interpreta el sueño del faraón y le pronostica que después de siete años de abundancia, vendrán siete años de penuria, pero sólo siete, y hay que administrar bien en tiempos buenos para que no falte en los malos; otro, de mi poeta predilecto, Antonio Machado, quien en su libro “Campos de Castilla”, en el “Poema de un día” escribía: “Pasados los carnavales,/ vendrán los conservadores,/ buenos administradores/ de su casa./ Todo llega y todo pasa./ Nada eterno:/ ni gobierno/ que perdure,/ ni mal que cien años dure.” Sabéis que no soy de ningún partido político, pero me gustaría que esta crisis se solventara no como dice D. Antonio con otro partido sino con una unidad nacional de todos los partidos. ¡Demasiado pedir!

Es fin, qué os digo. Soy optimista por genética y por convicción. Si mis padres no hubieran luchado para que tuviéramos otro estatus al de ellos, no estaría ahora escribiendo estas líneas. Lo sabéis. Creo que esto, aunque tarde más o menos, algo que es impredecible, tiene que mejorar. Eso sí, tenemos que reflexionar sobre nosotros: nuestra producción, nuestro trabajo, nuestras creencias, nuestros objetivos, nuestro pasado y nuestro futuro. Y, sobre todo, y esto es lo que más os concierne, buscad una meta, aprovechad el tiempo, formaos al máximo, no escatiméis horas al estudio, aprended idiomas, habladlos, olvidaos de todo cuanto os pueda apartar de vuestro objetivo, sed siempre vosotros y no dejéis nunca que otros piensen por vosotros. Por supuesto que debéis tener tiempo para el ocio, es necesario, pero no lo alarguéis demasiado. El futuro es vuestro; pero, por el camino que van las cosas, únicamente de los elegidos.

¡Ánimo, pues, y adelante, que podéis!

Un abrazo. Pedro.