Otoño
Un confuso tropel de niños, padres, carteras, gritos, nervios, ilusiones, pataleos, “no quiero”, chucherías, risas y llantos satura las calles. Mayor cuanto más cercano al colegio.
Es la hora de entrada y esta mañana, tras las primeras gotas de lluvia, la tierra abrió sus fragancias e inundó con su aroma toda la algarabía infantil.
En la huerta, la serenidad del agua del cielo alimenta los cercanos caquis, los duros membrillos y las rojas granadas.
En cada inspiración profunda invade el espíritu el olor a humus y a arcilla mojados. Se respira paz.
Huele a otoño.