Siempre lo vi enjuto,
siempre en fotografía,
siempre con su barba sin tiempo de afeitar,
siempre “poquita cosa”, que dirían en el pueblo,
siempre lo he recordado de cuando en cuando,
siempre admiré su inmensa obra,
siempre su lucha por el cambio de mentalidad de los proscritos,
siempre arañando de la tierra cuanto te puede dar,
siempre esperando de los potentados una limosna, que nunca pedía,
siempre buscando solidaridad, que los potentes no le daban,
siempre con el mismo Dios con el que unos comulgan con una oblea y otros con lo que encarta,
siempre dando con el mazo antes que rogando a Dios, mientras en su tierra natal se da poco, menos, y se ruega mucho, más,
siempre la sonrisa,
siempre profundo,
siempre pleno,
siempre…
No será beatificado,
no será santo,
los casi tres millones de seres, a los que hizo personas, le convirtieron en uno de los suyos: un proscrito.
Sí, Vicente Ferrer,
Siempre serás un proscrito para la sociedad occidental: para los políticos, porque les estorbabas; para la iglesia, porque te salías del canon, de las reglas, de la doctrina (lo tuyo no entra en el evangelio oficial); para todos, porque estabas lejano, en la India, no nos afecta, admiración de boquilla.
Adiós, Vicente.
Algo tuyo, poquito, siempre hubo en esta casa.
19 de junio de 2009