El Clínico
Hospital Clínico Universitario de Málaga
Hace unas fechas, dos meses ya, sufrí en propia carne la desantención médica en la sala de urgencias del Clínico: pacientes hacinados; falta de profesionalidad en todos los estamentos; desinterés, cuando no desprecio, por cuantos sufrientes había; impotencia en familiares al ver que no se los atendía (cuatro horas se tardó en que un facultativo viera a mi mujer diagnosticada de extrema gravedad en la ambulancia); dejadez en ATS, Auxiliares, Personal de limpieza, Celadores y no sé si había algunos más echándose la pelota unos a otros; excesiva tardanza en acudir a ayudar a quienes ni siquiera tenían familiares; y un largo etcétera entre el que cabe destacar la atención de “algunos privilegiados”,…
He ido hoy de visita a ver a un internado (¡doce días ya para hacerle, sólo, una analítica, una radiografía, una ecografía y una colonoscopia! ¡Doce días, Dios!). En la planta vi a muchas personas agobiadas buscando a sanitarios sin que aparecieran por ningún lado; en la habitación, una señora se ahogaba; alguien la levantó, según la paciente de al lado, y, sólo cerca de media hora después, vino otro alguien y le puso una mascarilla de oxígeno.
Esto por citar únicamente algunos ejemplos.
No culparé a médicos, que sé que escasean; pero…, el resto del personal hospitalario abunda hasta el infinito; eso sí, guardando demasiado bien, muy demasiado bien las ganas de trabajar. Salta a la vista.
¿Dónde está la vocación que se presupone a quienes tratan con enfermos? ¿Hay en ellos demasiados derechos, esos que les inculcan los sindicatos, y bastantes menos deberes, que aquí los sindicalistas nunca entran?
¿Quién dice que la Seguridad Social está bien?
Puede que en otros sitios. Quizá en alguna extrema gravedad. Tal vez en alguna operación o actuación de especial renombre para luego salir en la prensa poniéndose los galones y pretendiendo que nos creamos que todo es maravilloso.
¿Hasta cuándo?
¡Por favor!
¡Ya está bien!