Primero se le fue su fiel amigo, su compañero, su servidor, su amante, el de siempre. Tardó algún tiempo, pero se recuperó lentamente y empezó a disfrutar de los suyos con lejanos recuerdos de treinta y cinco años de vivencias.
Luego…, un mazazo muy grande, demasiado fuerte. En la flor madura de la vida se apagó su niña. Y ya no se recuperó.
Ahora te contesta siempre: “¿Cómo estoy? Pasando”. Así está ella: pasando días, meses, años,… Nada le interesa: ni hijos, ni nietos, ni biznieta, ni… Representa el papel, aparenta, sonríe, visita a sus sobrinas-hijas-amigas para refugiarse en el pasado lejano… Sale de paseo, a escondidas, por donde nadie la vea, no quiere encontrarse con humano alguno, todos le sobran. No rechaza el saludo, ni la conversación, siempre breve, pero desearía mejor no tener ocasión de hacerlos. Ella…
Ella está pasando el tiempo hasta que Dios quiera. Desde que la vela a medio consumir de su niña dejó de dar luz, ella no se recuperó.
8 de diciembre de 2009