Desde el rincón, junto a la puerta de entrada de vehículos, unas chicas, mujeres ya, estudiosas, comentan. ¿Las tres primeras horas de clase? ¿Si la noche anterior no pudieron dormir? ¿Algún ronroneo de Cupido más o menos lejano? ¿La incomprensión de los mayores? ¿Tal vez…?
Bajo la copa del árbol, frente a la puerta de salida del módulo, unos chicos, hombres ya, estudiosos, comentan. ¿Las tres primeras horas de clase? ¿Si la noche anterior no pudieron dormir? ¿Algún ronroneo de Cupido más o menos lejano? ¿La incomprensión de los mayores? ¿Tal vez…?
Desde el rincón, ella le lanza una furtiva mirada.
Desde el árbol, él le lanza un furtiva mirada.
De cuando en cuando chocan y se desvían hacia otro lado.
Alguna que otra vez él la sostiene.
Cada vez son más frecuentes, en el recreo, en las escaleras, en las clases,…
Se aprecian, se gustan, pero no se lo dicen.
El fuego prendido se aviva a medida que avanza el curso.
Llega la graduación y hay que expresarlo. Sufren.
¿Y si no? ¿Qué dirá?
Él se lo escribe.
Ella, dubitativa entre quiero y no quiero, no acepta. Llora.
Se hablan, se escriben, se desean ver.
Tienen nervios, miedo, ansias.
Se quieren. Son felices.
Alhaurín el Grande 4 de agosto de 2012