Auroreros
Nunca quiso ir a su tierra. Siempre se negó a recorrer de nuevo aquellos lejanos lugares de su niñez. Intentó tachar de su memoria las vivencias de su juventud. Son demasiados recuerdos de quien jamás aceptó su estatus. ¿Cómo volver a La Cimada, a la Fuente Don Pedro, a las Huertas Bajas, al río Guadalcovacín, a la Callejuela, a la gente que no era de su estirpe, a …?
Una y otra vez le insistí inventando mil argucias: escribir sobre los antepasados, enseñar a los nietos historias familiares, revivir experiencias,…
Una y otra vez idéntica respuesta.
Hay mucho dolor y sufrimiento de años que se quieren olvidar e, incluso, ocultar.
Ésa no era su casta, ése no era su linaje, ese vivir no le debió corresponder y lo tuvo que sufrir.
Hoy, durante la cordial visita, le enseñé fotos en blanco y negro de otros tiempos, de los de mi infancia. Y, cuando se animaba, le traje a la Virgen de la Inmaculada de toda su vida, a Los Auroreros y sus coplas y sus salves. Y rememoraba y tarareaba aquellas letras impregnadas en cada una de sus células. Y…
- “Un día me vas llevar contigo por todos esos sitios”
Iremos, claro que iremos.