Liturgia

Como cada año, salvo alguno, en torno a una mesa nos volvimos a ver y a reencontrar.

Como cada año, anécdotas, curiosidades, vivencias, jubilaciones, alegrías,…

Como cada año, ausencias, enfermedades, inquietudes, no saber qué le pasó a…, problemas,…

Pero este año…

Este año, Fuensanta nos recordó nuestra historia: “Aquella idea de volver a reunirse, a encontrarse, a saberse, se hizo realidad… El marco era espléndido: el edificio portentoso del Seminario, las anchas galerías donde tantas horas matutinas y vespertinas habían recogido el eco de vuestros pasos, vuestras risas, vuestras congojas, vuestras  dudas y las incertidumbres propias de esa edad en que todo está por descubrir, por estrenar,… La capilla nos acogió diáfana, con una luz entre envolvente y mágica que trazaba fronteras apenas perceptibles, pero ciertas, en vuestras miradas y en vuestros gestos.

La convivencia fluía, los abrazos, los apretones de manos, los reencuentros, los viejos pero bien atesorados recuerdos, las anécdotas, la sonrisa de quienes no fuimos partícipes, ni protagonistas de aquellas historias pero que, en definitiva, también habíamos hecho nuestras.”

Este año, Fuensanta nos habló de lo que nos dio el Seminario: “…en ese día las risas, el tono distendido, próximo y cálido de vuestras conversaciones me hicieron constatar que realmente había elementos que establecían un nexo tan fuerte que no podrían romper ni la distancia, ni el tiempo.

El Seminario, con sus más y sus menos como toda institución humana, os dio una formación sólida e imperecedera, pero sobre todo os forjó, a sangre y fuego, en unos valores tan profundos que dotó de una impronta y un carisma especial la estructura de vuestra personalidad. Tendréis cada uno de vosotros vuestras características pero hay una especie de clase, de distinción, de toque que os configura. Habéis sido impregnados de honestidad, de responsabilidad, de honradez, de gusto por la satisfacción del trabajo bien hecho, del compromiso y de no hacer las cosas a medias sino con la entrega del que “mete el hombro” con todas sus consecuencias y esos, esos son valores muy cotizados, valores en alza en los tiempos que corren. Y todo ello lo lleváis puesto, como un traje a medida, y lo vais transfiriendo a todas y cada una de vuestras actitudes ante la vida y las circunstancias. Y lo mejor es que casi no os dais cuenta.”

Este año, Fuensanta nos hizo un ruego: “Por eso hoy os pido que, siempre que podáis y vuestras fuerzas alcancen, no dejéis nunca de reuniros en este día, tan sumamente entrañable, para seguir unidos por esos lazos indisolubles que le dan al ser humano ese halo y ese resplandor que lo hacen mágico, que lo hacen único, y brindar una y otra vez por la VIDA.”

Como cada año, hemos celebrado plenamente la liturgia del Jueves Santo.

21 de abril de 2011