Tras recuperarse de la operación, esta semana ha vuelto a clase como si fuera el primer día: con incertidumbre; con inquietud; casi, diría, con miedo.
Siempre hizo bien las cosas, pero nunca se lo creyó. Es querida de todos, mas aún piensa que hay que dar más. Tras treinta y siete años de entrega total a la escuela, todavía tiene fuerzas para seguir luchando..
Dentro de poco dejará cuartillas, lápices, mapas,…; siempre llevará en el corazón a sus niños, a sus alumnos, a los que entregó su vida.
No le han llegado las nuevas tecnologías, ni el exceso de burocracia inútil. Piensa que la enseñanza perdió mucho con los inventos modernos; necesarios, sí, pero no sustitutivos del tú a tú, de la constancia, de la lucha individual para llegar a la colectiva, del esfuerzo por lograr hombres y mujeres íntegros, preparados para afrontar todas las vicisitudes, ahora tan poco esperanzadoras, de sus vidas.
En breve, dejará definitivamente la escuela, su escuela. Se va contenta, con la labor hecha, con el trabajo completo.
De momento apura los últimos días docentes, con la misma ilusión del primer día, entregándose totalmente a su vocación: la enseñanza.
29 de abril de 2011