Cigüeñas
Aparecieron con sigilo, altas y ganchudas, blancas, del ala negros los extremos.
Increíble.
“¿Cigüeñas?”
Cambio de sentido en la rotonda, la velocidad se aminora.
“¡Cigüeñas!”
Sobre el tronco de palmera, deshojado por los embates del picudo rojo, dos elegantes cigüeñas dibujaban el cielo.
- “¡Ven, vamos! Te voy a enseñar un sueño.”
- “¿Dónde? ¿Qué es?”
El coche avanza con miedo.
- “¿Cómo es posible? Aquí nunca hubo. Se irán.”
Amaneció de nuevo. El trabajo, ese día, quedaba más lejos.
Había una rama en la palmera.
“¿Estarán anidando?”
En el devenir de soles y lunas crecieron las ramas, se inundaron de follaje y, por fin, allí se ofrecía orgulloso el nido.
El domingo hubo cohetes.
“¿Se habrán asustado? ¿Se irán?”
A la vuelta de la capital, aún la sal del mar en los pulmones,…
-“No están”
-“¡Por Dios! ¡Qué pena!”
Amaneció plúmbeo y lluvioso el lunes. Y una ilusión, una inquietud en el acercamiento y…
En la casa sonó el móvil: “titití, ti ti; titití, ti ti.”
“Las cigüeñas en el nido. Todo bien”
Allí, en su atalaya, una, de pie, acicala la vivienda; otra, echada, engora.
“¿Surcarán el aire cigüeñitos?”
Hay motivos y esperanza.